Digámoslo de esta forma, el dolor vas a tener que sentirlo quieras o no. Si algo es doloroso, es doloroso. Punto. Lo que puedes cambiar es cómo lo vas a administrar, puedes escoger hacerlo enfrentándote a él e intentar bloquear su camino, haciéndo que éste entonces sea administrado en pequeñas dosis de dolor (lo que no significa necesariamente que sea un dolor de menor intensidad) o bien puedes escoger dejar que pase a través de ti rápidamente. De esta última manera, aunque será desagradable, podrás continuar mucho antes con tu vida. Tu decides si deseas retenerlo y aguantarlo durante dias, semanas, meses o incluso años, o lo aceptas, abrazas ese dolor que sientes y lo reconoces como tu dolor, y dejas que se libere en mucho menos tiempo.