3 razones por las que nos negamos a cambiar
¿Escuchaste alguna vez decir a alguien lo dificil que resulta hacer un cambio relativamente serio?
En realidad realizar un cambio no resulta tan complicado en sí, es como decidir levantarse de la cama un domingo por la mañana o cualquier día de la semana que tengas libre y te despiertes pronto. Lo que nos cuesta no es levantarnos de la cama, sino la resistencia a dar el primer paso necesario para seguir con el proceso de levantarnos. Si tenemos que quitar la manta, incorporarnos en la cama, poner los pies fuera de ella y levantarnos, el momento al que más nos resistimos es al primero. Una vez vencida la inercia inicial, resulta más sencillo seguir haciendo los pasos necesarios para levantarse. ¿Verdad?
Con los cambios sucede lo mismo, superada la resistencia inicial que tiende a mantenerte en el mismo estado en el que siempre has estado, el resto de pasos se van sucediendo con relativa facilidad y fluidez. Lo más dificil del proceso de cambiar ya ha pasado.
¿Qué provoca la resistencia al cambio?
Esto depende, lógicamente, del tipo de cambio que sea y de la importancia que suponga en nuestras vidas. No tiene el mismo peso emocional para nosotros cambiar nuestra forma de vestir, que decidir irnos a vivir a otra ciudad y tener otro trabajo o romper una relación insatisfactoria. Algunos cambios, pueden incluir otros pequeños cambios dentro de ellos. Por ejemplo, si tu personalidad se está desarrollando en algún aspecto y deseas “romper” o “abandonar” algunas facetas de tu personalidad pasada, puede que modifiques la forma que tienes de vestir, de peinarte, la música que escuchas, veas más o menos a cierta gente…etcétera.
Cierta parte de esa resistencia suele venir de:
- Miedo a los cambios y a lo desconocido: Todo proceso de transformación o inicio de una nueva etapa o actividad hace que se cierre una parte anterior de nuestra vida. Esto nos lleva a tener que afrontar una nueva situación en la cual no sabemos a ciencia cierta cuales serán las cosas a las que tendrémos que enfrentarnos, ni si seremos capaces de hacerlo con éxito.
- Comodidad de lo conocido: Cambiar implica un esfuerzo activo y constante durante un tiempo hasta que se asimilen los nuevos comportamientos o situaciones. En cambio, permanecer como hasta el momento, no requiere ningún esfuerzo adiccional ni aportar energías extra que, de otro modo, estaríamos empleando en actuar de alguna forma.
- Instinto de conservación: Unido a los dos anteriores, busca conservar la estabilidad que se tiene en este momento, sea la situación buena o mala, instintivamente parece menos peligrosa que probar algo nuevo. Su objetivo es evitar el sufrimiento de exponerte a algo que pueda dañarte física o emocionalmente, aún cuando la situación presente sea potencialmente peor que la nueva.
La parte que me parece más dificil es lo primero que dices de ir de cara a lo que no se conoce… por bueno que pueda ser el cambio, resulta imponente en ocasiones jejej
un poco coonfusa esa idea ya que necesito tener cambios en mi vida y no se por donde empezar